viernes, 12 de febrero de 2016

GRANDES SACRIFICIOS

Si algo tiene esta enfermedad (cualquier enfermedad, doy por hecho) es su capacidad, por llamarlo de alguna forma, retorcida de hacernos pasar por el aro y tener que acostumbrarnos a cosas que no nos gustan. Y no hablo de lo estrictamente médico! Porque... quién no le coge el gustillo a sus análisis, sus revisiones, sus medicaciones varias y el largo etcétera que forma parte del pack completo?! (quien haya respondido "si" a esto, es muy masoquista eh??? Yo ahí lo dejo! Pero allá cada cual con sus aficiones!). No, me refiero a cosas más mundanas. Por ejemplo, tomar café. Horrible. Asqueroso. Detestable. Y ahora la mayoría estáis pensando que soy idiota, lo sé. A mucha gente le gusta el café. A mí no. Mucha gente disfruta con un café entre sus manos. Yo no. Hubo un tiempo, allende los mares (o los tiempos) en que hasta me gustaba! E incluso lo tomaba para desayunar! Por gusto! Os lo podéis creer?Y debía gustarme porque habría que haber sido gil***** para tomarlo sin gustarme! Cosas de la juventud juvenil. Unos fuman, otros beben café. Incongruencias de la vida... hoy te gusta el café, mañana no... hoy puedes caminar, mañana no... El hecho es que no sé en qué punto recobré la sensatez y dejó de gustarme. Fue una cosa paulatina.. En la cafetería de la facultad! Yo iba a desayunar... esos desayunos breves de los estudiantes que para nada buscan saltarse la próxima clase, lo que pasa es que ups! se me ha hecho tarde! Bueno, pues esos. Yo ya me tomaba mis cafés un poco a disgusto con lo cual, mi privilegiada mente universitaria (es que la universidad te hace abrir los ojos a las cosas importantes de la vida) dedujo que, quizás, y sólo quizás, ya no  me gustaba el café. El cuándo, el cómo, y el por qué de esa transformación ya no estaba al alcance de una humilde universitaria pero el caso es que así era. Ahora se trataba de una cuestión problema- solución. Y la sabia solución, no al alcance de cualquiera, era dejar de tomar café. Y así viví felizmente unos añitos....

... Pero entonces ocurrió. La enfermedad llegó y el apalominamiento también. Agilipollamiento. Mejor así? Cansancio + sueño + cansancio + sueño + ... Y llega un crítico momento en que tu vida pende de una decisión: tomar café o no tomar café para espabilar? Y decides que pasas, que casi mejor pruebas con el té. Mucho más bueno, dónde va a parar! Y tras un tiempo probando y resistiéndote a la evidencia, llegas a la difícil y dura conclusión de que necesitas el asqueroso y repudiado café. Venga, va, algo podemos hacer para salvar la situación!, te dices. Y empiezas a tomar café, del de verdad, del de cafetera, el de Colombia (bueno, o no sé de dónde, pero ése!). Y unos días, venga... La cuestión es que necesito 2 al día, mínimo! Eso es tentar a la suerte. Porque es un auténtico sacrificio. Hay momentos en que hasta te tienes que tapar la nariz para beber. Es una medicina más! Pero tus papis, que son geniales y muy listos, que por eso son papis, prueban a traerte de esos cafés en polvo que haces o con leche o con agua? Y tras varios intentos con los distintos sabores, empiezas a descartar el capuccino (buah!) y otros que ni recuerdo, Hasta que topas con uno que venga... va... Hasta tiene un pase. Tiene chocolate y todo! El café vienés. Y ese es el que se queda contigo como tu perrito fiel sólo que más caro. Y más asqueroso. El tema es que... 7 años tomando ese brebaje como algo obligado (ya has probado a eliminarlo de la ecuación pero va a ser que no) no trae nada bueno! Y aunque incomparable al sabor nauseabundo del café de verdad, cada vez te cuesta más y más y más tomártelo. Tiene sus momentos! Y cuando te ves en la obligación de tomar del otro, con una cara de asco que hace reir a todo el mundo menos a ti, te acuerdas con cariño y añoranza de tu café soluble (que por supuesto hace menos efecto  que el otro) y deseas ansiosa su regreso a casa, como el turrón.


***ACTUALIZACIÓN 2017: 

He vuelto al café de verdad. E insisto: asqueroso. Pero la vida es dura y cruel!!!! Aunque hace poco me pusieron un café en la calle que estaba soberanamente repulsivo, confirmado por mis padres, que a ellos si que les gusta. Y algo positivo salió de ahí!!! Temporalmente, imagino, pero algo es algo. Hoy tomé mis cafés. Siguen siendo asquerositos pero con el recuerdo de ese otroaún en mi caeza, recuerdo y paladar, hasta me han sabido un pelín, chiquitín, menos malo!  Un pelín eh? no os emocionéis!