lunes, 22 de agosto de 2016

ALERTA! FUGA DE CALOR!

Como algunos sabeis, no ando muy allá de ánimos pero aquí estamos de vuelta para seguir contándoos cosillas de la apasionante vida como esclerótica. Como esclerótica en verano! Importante detalle ése. Que no es lo mismo ser esclerótic@ en verano que esclerótic@ en invierno. Obviamente hay matices primaverales y matices otoñales pero no nos vamos a poner exquisitos ahora. 

También sabéis que mi vida no es precisamente la más animada del universo. Vamos, no es como la vida de una Paris Hilton cualquiera fiesta aquí, fiesta allá. Mi perrita es más mona, ya os lo digo. No cabe en un bolso como si fuera una salchicha gigante... pero empiezo a desviarme de la historia  central de mi inolvidable narración! Hace un par de días salí! Con mis padres, pero salí! (Os dije que no nos íbamos a poner exquisitos no?). Para celebrar el cumpleaños de mi abuela íbamos a almorzar fuera. Y diréis: y la abuela no iba? Pues no porque ella vive en Canarias así que los tres solitos. Así tocábamos a más, es otra forma de verlo. Y nos fuimos a un sitio de pescadito muy rico. (Nota muy muy importante: Yo? Pescado?  Hay que ver a dónde llega la degeneración humana!!!!!!!!! El pescado nunca ha sido lo mío, y gastar dinero en la calle para comer pescado? Pero qué dices! Y ahora resulta que la que sugirió el sitio fue moi... Sin comentarios.). Con lo que yo no conté, y debía haberlo hecho pero a veces las ganas superan al raciocinio, fue conque aquello es una terraza al aire libre bajo el sol. Con sombrillas, si, pero bajo el sol. Qué calor, madre mía! Yo me llevé mi sombrerito, más bonito!!!!! (Otro punto importante a detallar, signo inequívoco de la edad) Pero vamos, que calor seguía haciendo y el sol, poco a poco, como quien no quiere la cosa, me iba afectando de forma sutil a la vez que eficiente. Hambre? Relativa. Visión? Poco nítida. Mareo? Solidario con la visión. Y damos la bienvenida a nuestro querido y estimado amigo Uthoff. Tan encantador como siempre. Tan encantador que si no hubiera llevado la silla de ruedas, no sé qué hubiera sido de mí! Ayyy, pobrecita! Pero mis sabios padres me llevaron a una cafetería para que tomara un café revitalizante... y asqueroso... con hielo. Ya sabéis también en qué alta estima tengo yo al café verdad? Y yo, que a veces tengo luces aunque estén semi apagadas, me pedí un vaso de agua fresquita y entre ambos, y el aire acondicionado del sitio (Aire acondicionado, el mejor amigos del esclerótic@), la luz se fue haciendo poco a poco! 

Y ahora llega la segunda parte del gran día. Os sitúo. Casa. De noche. Viendo la tele. Terraza a ambos lados del cuarto de estar. Y lo más surrealista. Estar sentada notando el fresquito aire que corría. Yo lo notaba, en serio! Pero había un enfrentamiento feroz entre ese aire de fuera, y el calor que notaba luchando por salir de mi cuerpo. Fue como una batalla napoleónica! Y ganaba el calor interior tanto que tuve que darme una ducha fresca antes de irme a la cama porque me encontraba como si estuviéramos a 40º, que no lo estábamos. Qué sensación más extraña! Era como si mi cuerpo hubiera servido de envase que guarda el calor ... como las bolsas de palomitas que una vez las sacas del microondas sigue ardiendo? Pues algo así!

Y ahí acabó el gran día de pescadito, calor, fenómeno de Uthoff, batallas entre fresquito exterior queriendo entrar y calor interno queriendo salir...